Hipoteca nuclear a 100.000 años. Residuos nucleares eternos.

Crédito de la foto: Enrique López Garre / Pixabay

Hace 100.000 años comienza la última glaciación.
Hace 30.000 años aparecern los primeros grabados.
Hace 12.000 años termina el Pleistoceno.
Hace 7.000 años se inventa la rueda.
Hace 5000 años comienza el imperio egipcio.
Hace 3500 años comienza la civilización Micénica en Grecia.
Hace 2100 años nace Julio Cesar.
Hace 100 años se populariza la luz eléctrica.
Hace 60 años un reactor nuclear produce energía eléctrica por
primera vez.

Esta, es la larga Historia que podría haber vivido un residuo nuclear activo antes de extinguirse. Pues su longevidad se cuenta por decenas de miles de años. Nuestros residuos no solo nos sobrevivirán a nosotros sino que verán nacer y extinguirse civilizaciones completas. Perdurarán sobre cambios geológicos y guerras.

Gestionar eternamente estos residuos se antoja una una labor titánica para unos humanos demasiado mortales. A quien le interese profundizar en el tema encontrará alguna respuesta y muchas más preguntas en el documental Into Eternity, una magnífica pieza cinematográfica de Mikel Madson.

Trailer oficial de Into Eternity. Puedes encontrar el documental completo subtitulado en castellano en Youtube, o comprarlo en DVD.

Into Eternity no es ciencia ficción, aunque lo parezca. Al noroeste de Helsinki (Finlandia) las excavadoras construyen un enterramiento faraónico para los residuos nucleares, uno que deberá recluirlos durante cien mil años. La ley es clara: en el año 2100 la tumba debe ser sellada y borrada de la memoria, pues el peligro que Onkalo encierra no se ve, no se huele y no se siente. Y es posible que las generaciones futuras lejos de saber interpretar nuestras señales de peligro las tomen como una invitación a explorar la tumba radiactiva.

En realidad Onkalo (olvido) es solo un medio, el mejor que han ideado. Y es que cuando se trata de encontrar soluciones a cien mil años, la mejor es pésima. Pero nuestra vida es breve (apenas la milésima parte de la de los residuos nucleares) y nuestras preocupaciones no pasan del corto plazo. Así que el debate nuclear se disputa en otro campo, mucho menos solidario: La peligrosidad de la energía atómica. Un debate mucho más efímero. Hoy con las heridas reabiertas de Chernobyl, ayer sobre Fukushima, mañana… quien sabe.

Pero efímero es precisamente un término que no puede aplicarse a sus deshechos. La hipoteca nuclear es cara, muy cara. Decenas de miles de años de intereses por unas cuantas décadas de energía. Igual de insolidario que pedir prestada una fortuna, dilapidarla, y esperar que 1300 generaciones después tus herederos sigan pagando la deuda.

Solo nos cabe la esperanza de que cuando nuestros sucesores encuentren los Onkalos además de la obligada nota de disculpa puedan leer otra que diga: “Nos dimos cuenta de nuestro error y rectificamos a tiempo”.

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